miércoles 21 de octubre de 2009

Blanco o negro


A las dos de la mañana, mis ganas por ver a Argentina y, sobre todo, al Diego celebrar el pase al Mundial de Sudáfrica, luchaban a muerte con los ecos de Morfeo, tan nítidos ya, que hasta la cama parecía andar desde mi cuarto al salón.
Bilardo abrazado a Maradona, saltando y compartiendo la danza de la victoria, chirriaba algo después de los palos en las costillas que se habían propinado el uno al otro.
Mis párpados terminaron por rendirse. La retina había guardado como imagen última a Barrilete Cósmico con un peto rojo colgado del cuello, como si llevara un poncho idem en homenaje, quién sabe, a otro personaje universal llamado Chavela Vargas.
Un golpe me sobresaltó. Al principio, creía que era el pesado del vecino de arriba, intentando convertirse en Michael Jordan a las taitantas de la madrugada. Pero no. El golpe resultó ser de micrófono, y lo propinó Maradona -esta vez sin querer- mientras se sentaba para ofrecer la tradicional rueda de prensa posterior al partido.
Pero con el Diego, ya se sabe, lo tradicional no tiene cabida. Me incorporé para buscar el mando y subir mínimamente el volumen. Ahora felicitará a sus jugadores, pensé, por ser los verdaderos responsables del triunfo, y se echará alguna flor a sí mismo, porque D10s está encantado de ser D10s desde hace mucho tiempo.
Pero se me pasó un detalle bastante importante: la relación del Pelusa con la prensa. Un tío que es capaz de disparar con una escopeta de perdigones desde la ventana de su casa a los periodistas apostados frente a su puerta, es capaz de cualquier cosa.



Con las agujas del reloj avanzando como persas por los desfiladeros de las Termópilas, me lancé a por el panhispánico de dudas en busca de un milagro. A lo mejor, quién sabe, chupar y mamar en Argentina o en Sudamérica significaban distinto. Pero, saben una cosa, parece ser que, hasta en el Perito Moreno, la chupan y la maman igual que en España y en el resto del mundo.
O están conmigo o contra mí; o blanco o negro, bramó el pibe de oro. Pues en esta ocasión, amigo, no me dejas elección: estoy mucho más cerca de señores como Obama que de tipos como tú. Porque los cuentos maradonianos, Dieguito, jamás fueron pensados para escribir historias tan tristes y lamentables como ésta.

lunes 12 de octubre de 2009

El mejor arte


El mejor arte no se estudia en ninguna Universidad. El mejor arte no se compra en ninguna tienda de barrio y, mucho menos, en ningún centro comercial.
El mejor arte es inesperado, aleatorio, fugaz. Y puede encontrarse en las cosas y en los lugares más comunes y ordinarios.
Pero, sobre todo, el mejor arte reside en las personas. Nace, vive y muere en ellas. Estas personas, dotadas de un don natural, pueden expresar el mejor arte a través de distintas disciplinas: la literatura, la pintura, la escultura, la danza, el cine, la arquitectura, etc. No obstante, es en la música donde mejor brota, donde mejor crece y donde más frutos da.
El mejor arte es indefinible, inclasificable. Sólo en ocasiones, cuando nuestra simple existencia se cruza con él, podemos entender el significado del mejor arte.




Disfrutarlo es la mayor recompensa. Su fruto nos sirve para continuar por nuestra senda vital en mejores condiciones de como la empezamos. Y compartirlo, sin duda, es la mejor forma de guiarlo hacia la inmortalidad.
Y tú, ¿dónde crees que reside el mejor arte?