Imagino la muerte como una amplia sensación de vacío. Aunque, bien pensado, hablar de muerte y de sensación de vacío es hablar incongruentemente, ya que el único resultado posible en esa ecuación es el vacío.
De esta manera, ¿Qué ocurre cuando una persona, en vida, se siente vacía? ¿Significa que esa persona está muerta en vida?
Según dicen, el remedio natural para esas personas parece ser el amor. El amor a Dios, el amor a otra persona, el amor a las artes o el amor a las ciencias.
Si me lo permiten, me aventuraré, únicamente, a resolver si es posible el amor a Dios. Sin duda, el reto planteado es importante ya que, en primer lugar, debemos averiguar si su existencia es real. La empresa quizá resulte demasiado elevada para los conocimientos de quien les escribe ya que estamos, sin duda, ante el debate más enconado y apasionante de la historia de la humanidad.
Aquí, por tanto, el agnosticismo no parece una opción. Creyente o ateo, e ahí el dilema. ¿Por qué existe Dios? O, ¿Por qué no existe Dios?
Vamos a reducir variables. Nuestra civilización se inicia con el advenimiento del hijo de Dios a
Sobre el tapete disponemos de más pruebas a favor que en contra.
Incluso para los más escépticos, resulta difícil negar la existencia de Jesús de Nazaret, el personaje más importante e influyente que haya existido nunca. Por ende, parece haber consenso en torno a su realismo.
Pero la clave, el paso invisible sobre la cabeza del león, no está en su propia existencia o en las obras y actos que realizó en vida, sino que la clave del debate está sobre la resurrección de Jesús, sobre la propia humanidad de Cristo. Ningún ser humano, después de muerto, tiene esa capacidad excepto, claro está, si de lo que padece es de catalepsia.
Manteniendo la tesis en torno a la ausencia de humanidad en Jesús, ¿disponía de los mismos sentimientos de los que dispone una persona? ¿Podría amar, sufrir, soñar, si realmente no era un ser humano?
Es decir, si carecía de personalidad, si carecía de sentimientos, el vacío debería haber sido su manera de existir. Así, ¿cómo pudo resucitar Jesús si siempre había carecido de vida? ¿Cómo amar a algo carente de aliento?
Únicamente la fe puede responder a todas estas cuestiones. Que hable quién disponga de ella.
