lunes 10 de noviembre de 2008

Real Zaragoza-Castellón


El Real Zaragoza es un equipo enfermo, que todavía no ha acudido al médico, porque tiene miedo de que le diagnostiquen su verdadera patología. Sus síntomas son claros: un exceso de triglicéridos le produce un enorme atasco en su circulación y le impide desempeñar su trabajo como debiera.
Marcelino dijo esta semana que el equipo podría rendir mucho más, que se encuentra sólo al 50% de su rendimiento. Ayer, en el partido frente al Castellón, parecía que ese rendimiento era mucho menor al porcentaje establecido por el técnico asturiano.
Si los primeros treinta minutos en Gerona fueron sonrojantes, los de ayer en la romareda son difíciles de calificar. Ulloa, en el minuto quince y ante la pasividad de la defensa, marca el uno a cero. Ayala no se encontró a sí mismo en ningún momento, y se le notó la falta de ritmo y de minutos. Tanto que hasta la mala suerte le persiguió en su actuación, porque un resbalón suyo a punto estuvo de costarle el segundo gol al Real Zaragoza. La impericia de Ulloa, por llamarlo de alguna forma, impidió el segundo gol del Castellón.

A partir de ahí, ante el incipiente sonido de viento de la romareda, el equipo reaccionó algo y se dio cuenta de que tenía suficientes argumentos para doblegar al Castellón. Una concatenación de saques de esquina animó a la grada, hasta que los meros alíseos, que desembocaban en el periodo del descanso, llevaron a Ewerthon a marcar el tanto del empate, culminando así un gran contragolpe originado por Jorge López y cocinado por Braulio.
Ese ligero impulso continuó hasta el último minuto, marcando Ewerthon a pase de Braulio el segundo gol de la tarde. Lástima que el asistente, recién levantado de la siesta, levantara la bandera casi como un espasmo y anulara el que hubiera podido ser el tanto de la victoria.

El inicio de la segunda parte resultó ser un calco de la segunda parte de Gerona. La afonía de Marcelino denotaba rapapolvo en el intermedio, y los jugadores, inflados de sonrojo, a punto estuvieron de darle la vuelta en el marcador a través de Ewerthon. Parece que este equipo sólo sabe marcar gol con acento brasileño.

La ofensiva de los blanquillos achantó al Castellón, que prácticamente no pisó el área de los de Marcelino. Braulio, muy activo durante todo el partido, a punto estuvo de marcar en una bonita jugada. No obstante, habrá que exigirle algo más al canario, ya que si lo que distingue a un delantero son sus goles, Braulio es uno más del montón.

Caffa, bastante apático durante toda la tarde, levantó a la grada en su disparo a puerta. Muy pillo el argentino en su lanzamiento. La pelota tocó la red de la portería. Lástima que por fuera.

Pero como los partidos del Zaragoza son lo más parecido a una película de terror, como en los clásicos, siempre hay un susto final. Y el susto lo dio el Castellón, ya que Nsue, un más que interesante jugador, internacional con España en las categorías inferiores, tuvo en sus botas la victoria levantina.

Con este empate, el equipo suma 18 puntos de 33 posibles, sale de la zona de ascenso a primera división y suma su segundo partido sin vencer. El próximo desplazamiento es a Tarragona, ciudad de Césares y plaza históricamente difícil para el Real Zaragoza. Pero eso, será otra historia por contar.

miércoles 5 de noviembre de 2008

Genio


Habíamos estado cenando esa noche con él y, en principio, no se encontraba muy animado. Era jueves y la temperatura en Zaragoza tampoco acompañaba.

En primera fila, algunos, o sentados al final, en la barra, otros, esperábamos con una cerveza en la mano a que empezara la actuación. Tocaban "The Rangers" en el Dublín.
De inicio, no esperábamos mucho de la noche, ya que el bar, aparte de vacío, estaba poblado por señoras con pinta de tener que estar viendo "Cuéntame" en sus casas a esas horas.

Por fin, los músicos fueron situándose en ese pequeño montículo elevado llamado escenario. Algún vítore aislado, alguna pequeña mofa de fondo.
Pero empezaron a sonar los primeros acordes y los rostros, en su mayoría juveniles, empezaron a llenarse de asombro. La fuerza, la vitalidad, la energía que transmitía el vocalista del grupo, ese con el que hace escasa media hora habíamos estado cenando, dejó, por momentos, inmóviles a los presentes.

Detrás de sus gafas, de su apariencia más Sánchez Dragoniana que Mick Jaggera, de cuerpo endeble, de los surcos de su cara marcados a fuego por la dureza de la puta vida, se escondía un auténtico genio.

Su voz rasgada hizo levantar al medio centenar de inquilinos atónitos.

Conforme la música y las canciones iban surgiendo de aquellos brazos, de aquellas gargantas, de aquellas mentes lúcidas, la sensación de euforia iba aumentando en el local y la complicidad del público con el grupo era cada vez mayor. Nunca "I' Feel Good", "Stand by me" o "Sweet Home Chicago" habían sonado tan bien, ni siquiera (en este punto me la juego) en boca de sus originales.

El caso es que, sólo con su música y su presencia en el escenario, hizo que el mundo se detuviera con verdadero estrépito duante aproximadamente una hora.

Al final de la actuación, exhausto, todavía tuvo tiempo para compartir con nosotros sus impresiones, nuestras impresiones, sobre lo ocurrido en esa pequeña porción de espacio-tiempo. Lo veíamos como el mago que charla con sus sorprendidos espectadores después del gran truco, un truco llamado música en este caso.

Intento, con mi torpe prosa, rendir homenaje a un lucero, a una enorme estrella dentro de las diminutas que inundan el infinito universo.

Ojalá existieran más faros como tú, Paco, para guiar a este mundo por el frondoso jardín del conocimiento y la sabiduría, y no por el angosto camino de la ignorancia y la incultura. Sigue así, amigo.