Hace unos días, en el autobús en que iba montado, dos hombres de avanzada edad hablaban acaloradamente sobre los jóvenes de hoy: drogas, vandalismo y alcohol eran los términos que inundaban su conversación. Pero una quejosa abuelita, que superaba con creces los ochenta años, recriminó su actitud, advirtiéndoles de que “el futuro de la sociedad son los jóvenes, no los viejos”.
¿Por qué, en general, se tiene esa imagen negativa de la juventud? ¿Hemos contribuido nosotros a fomentar ese perfil? Es cierto que debemos entonar el mea culpa. Muchas actividades relacionadas con el ocio que practican los jóvenes representan, de cara a la sociedad en general, una visión negativa de nosotros. Hay que ponderar el derecho de los vecinos al descanso con el derecho de los jóvenes a emplear su tiempo libre de la forma que quieran, siempre desde el mutuo respeto y a través de conductas plenamente cívicas.
Pero también es cierto que no solo del botellón viven los jóvenes. Muy poca repercusión tienen en los medios las acciones de voluntariado o de asociacionismo cultural y político, en pos del bien social, que practicamos. Por ello, debemos mejorar, entre todos, la imagen de la juventud aragonesa y española para convertirnos, por fin, en una sociedad avanzada que mira al futuro con optimismo.