viernes 30 de noviembre de 2007
La precariedad del periodista
La precariedad laboral en el mercado español afecta a un gran número de trabajadores. Sectores como la construcción y el turismo sufren día a día las consecuencias del sistema.
El mundo del periodismo y de la comunicación en general no es una excepción. Las condiciones de trabajo no son las más adecuadas para desempeñar una labor social –porque eso es el periodismo-, que presta un gran servicio a millones de ciudadanos cada día. La falta de implicación con la empresa y la ausencia de motivación en el trabajo repercute negativamente, no ya solo en la compañía, sino en la profesión en general, lo que genera una mala visión de la sociedad hacia el periodismo.
La explotación y la humillación permanente que sufren los becarios por parte de los jefes de turno de los distintos medios, va directamente en esa dirección. Por ejemplo, el estatuto de los trabajadores es continuamente vulnerado; los derechos constitucionales son sistemáticamente obviados; y, lo que es más importante, las reglas de la conducta social son inexistentes.
Las alternativas a estas cuestiones, no obstante, son complicadas. Una primera medida, mínima, sería la equiparación salarial con el mínimo interprofesional; una medida simplemente digna, aunque, a todas luces, insuficiente.
Otra propuesta, muy importante, consistiría en la ponderación de los beneficios de la empresa: si un periódico se nutre de noticias, y esas noticias las hacen los periodistas, deberían éstos cobrar conforme a la calidad de las noticias que publiquen.
También sería juicioso facilitar la conciliación de la vida laboral con la familiar. Los periodistas son trabajadores, no esclavos, y disponen del derecho a disfrutar de una vida alejada de las redacciones.
Desconozco si todo esto es posible, o si lo será en un futuro, pero, desde luego, debemos luchar por ello. Y no precisamente los becarios, que carecen de una estabilidad laboral, deben comenzar esa lucha.
El mundo del periodismo y de la comunicación en general no es una excepción. Las condiciones de trabajo no son las más adecuadas para desempeñar una labor social –porque eso es el periodismo-, que presta un gran servicio a millones de ciudadanos cada día. La falta de implicación con la empresa y la ausencia de motivación en el trabajo repercute negativamente, no ya solo en la compañía, sino en la profesión en general, lo que genera una mala visión de la sociedad hacia el periodismo.
La explotación y la humillación permanente que sufren los becarios por parte de los jefes de turno de los distintos medios, va directamente en esa dirección. Por ejemplo, el estatuto de los trabajadores es continuamente vulnerado; los derechos constitucionales son sistemáticamente obviados; y, lo que es más importante, las reglas de la conducta social son inexistentes.
Las alternativas a estas cuestiones, no obstante, son complicadas. Una primera medida, mínima, sería la equiparación salarial con el mínimo interprofesional; una medida simplemente digna, aunque, a todas luces, insuficiente.
Otra propuesta, muy importante, consistiría en la ponderación de los beneficios de la empresa: si un periódico se nutre de noticias, y esas noticias las hacen los periodistas, deberían éstos cobrar conforme a la calidad de las noticias que publiquen.
También sería juicioso facilitar la conciliación de la vida laboral con la familiar. Los periodistas son trabajadores, no esclavos, y disponen del derecho a disfrutar de una vida alejada de las redacciones.
Desconozco si todo esto es posible, o si lo será en un futuro, pero, desde luego, debemos luchar por ello. Y no precisamente los becarios, que carecen de una estabilidad laboral, deben comenzar esa lucha.
miércoles 28 de noviembre de 2007
Una mirada al futuro
La exposición “Los años magníficos”, en el palacio de Sástago, repasa los 75 años de historia del Real Zaragoza con una mirada puesta en el futuro.Quién todavía piense que viajar en el tiempo es absurdo, francamente, es un iluso. No sólo a través de un “De Lorean”, puro estilo “regreso al futuro”, es posible conseguirlo, sino que por medio de la ambientación y el recuerdo sus resultados son mucho más positivos, sin necesidad de recurrir a “condensadores de fluzo”, y sin riesgo de quebrantar el lógico espacio-tiempo si se realiza alguna acción fuera de guión.
Interesados: acudan al palacio de Sástago; razón: exposición de los años magníficos para más gloria del zaragocismo y su memoria.
Lógicamente, la primera parada en el tiempo, la primera fecha en el camino resulta bastante evidente: 10 de mayo de 1995; París; Parque de los Príncipes. Un gol en tres dimensiones recrea el pasaje de mayor goce para el zaragocismo, el cénit futbolístico a orillas del Ebro, bueno, en este caso, a orillas del Sena. Un Nayim virtual volvió a marcar mil veces el tanto deseado por cualquier jugador, por cualquier hincha: era el último SEGUNDO de la prórroga cuando la inspiración divina alentó al gran jugador ceutí en un disparo odiado en sus inicios por la grada y anhelado en su trayectoria final por el mundo. Nunca un portero sufrió tamaña humillación por los tiempos de los tiempos; nunca un jugador marcó un gol de esas características; nunca una afición estuvo tan cerca de tocar las puertas del cielo.
Carteles anunciantes de partidos, botas, camisetas, fotografías, sonidos y vídeos históricos. Así continúa el resto de la exposición, supeditada, en apariencia, ante el gigante parisino. Pero no es así.
Los otros espacios de la exposición resultan imprescindibles para entender la historia del Real Zaragoza: la sala de campeones (su acceso es a través de una cortina de humo, única en Aragón, donde se recrea la entrada de los jugadores al terreno de juego) muestra los nueve trofeos conseguidos por el club en sus 75 años de historia, con un vídeo en el que se recrean las respectivas hazañas; la sala del coleccionismo, rincón esencial en el que se intenta reflejar, a través de sellos, cromos, discos, caricaturas, etc., que el Zaragoza es algo más; la sala de historia, conformada en gran parte por fotografías de un gran número de jugadores, todos ellos cargados de una simbología especial, al igual que la maqueta de la vetusta Romareda, la cual corona el centro de la habitación; la sala de los últimos treinta años, ambientada con murales que retratan secuencias acaecidas desde los “zaraguayos” hasta la época actual, finalizando con un vídeo, realmente emotivo, que repasa los 75 años de historia del club a través de sus distintas etapas; y para concluir, en el piso de arriba, las salas de fotografía y de prensa, radio y televisión suponen la guinda a un pastel realmente sabroso, elaborado con los ingredientes de la pasión, la emoción y el recuerdo, y sazonados con ese toque humano que representa la figura del periodista, intermediario privilegiado entre dos grupos íntimamente relacionados: los futbolistas y la hinchada.
Pero no sólo de Sástago viven los años magníficos. La exposición, cuya visita en el palacio ha reunido, hasta el momento, a más de 40.000 personas, no acaba allí. Muy cerca, doblando la esquina del coso con plaza de España, se encuentra otro rinconcito bañado con la esencia blanquilla, un 4º espacio obviado por muchos (6.000 personas lo han visitado), llamado “Avispero”. Su planteamiento resulta honesto: acercar a distintos jóvenes artistas al mundo del fútbol. Porque la cultura y el arte no deberían estar reñidos con el deporte rey, este espacio revela una fuerte significación en este sentido.
Yarza; Belsué, Aguado, Milito, Reija; Señor, Violeta, Arrúa; Canario, Marcelino, Lapetra. Este es mi once histórico ideal después de mi visita particular por la exposición. Si usted, inagotable lector, cree que dicha alineación de constelaciones no es la mejor que pudiera pisar el césped de la Romareda, le recomiendo, sino lo ha hecho ya, que acuda con urgencia al palacio de Sástago, y me explique después, con sesudos razonamientos, el por qué de su objeción. Seguramente acabará convenciéndome.
domingo 18 de noviembre de 2007
El mosca Huguito

La actitud del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, no es nueva. Por todos es conocido su carácter vehemente y autoritario, su hedor a caudillo y sus pretensiones de formar un Estado “a la caribeña”.
Su postura forzada y provocadora en la Cumbre Iberoamericana fue mil veces estudiada. Se nota cuando Chávez habla para su público, y ésta fue una de ellas.
Pero enfrente se encontró con un peso pesado, con un púgil curtido en muchos más combates que el mosca Huguito. No vio venir el croché de derechas que lanzó el Rey por su ángulo muerto. Que se acostumbre a besar la lona.
Su postura forzada y provocadora en la Cumbre Iberoamericana fue mil veces estudiada. Se nota cuando Chávez habla para su público, y ésta fue una de ellas.
Pero enfrente se encontró con un peso pesado, con un púgil curtido en muchos más combates que el mosca Huguito. No vio venir el croché de derechas que lanzó el Rey por su ángulo muerto. Que se acostumbre a besar la lona.
viernes 16 de noviembre de 2007
Entre ranillas anda el juego

Expo, Expo, Expo. Expo por acá y Expo por acullá. Algunos zaragozanos sólo vemos Expo. -Perdone, ¿la basílica del pilar, por favor?-, me pregunta el otro día un ingenuo (como todos) turista. -Busque por el meandro, a ver si la encuentra por allí-, respondo, con esa cara de soplapollas que se nos pone cuando le hablamos a un forastero.
El Heraldo de hoy indica en su portada que faltan 212 días para el comienzo de la Exposición Internacional. Mañana faltarán 211; pasado 210; 209; 208; 207… ¡Qué angustia! Me cuesta conciliar el sueño sabiendo que falta tan poco tiempo para el gran día. Debemos enfocar todos nuestros esfuerzos en prepararnos para el 14 de junio, día de Aragón a partir de esa fecha -adiós San Jorge-. Colegios y Universidad ya han coordinado sus relojes: los exámenes de junio serán en mayo. Esperemos que nuestros queridos estudiantes no sufran el temido "jet-lag".
Por cierto, ¿se han fijado en la mascota? Creo que Papá Pitufo ya no debería ir jugando por ahí con su cosita, que ya tiene una edad, y luego le salen los hijos como le salen, osea, rana (o ranillas). Su nombre, por cierto, es Fluvi. Se lo pusimos entre todos. Vaya, entre todos aquellos valientes que pagaron por bautizarle de tan oroginal manera. Imagínese, incansable lector, cómo debían ser los desechados.
¡Cuidado!, que no les confunda mi artículo. Yo estoy a favor de la expo. Creo que será buena para la ciudad y que, si sabemos gestionarla en el fututo, puede situar a Zaragoza en el centro de las miradas europeas. Confíemos que en el país de las ocasiones perdidas -estoy hablando de España, no se me pierdan-, Aragón, y más en concreto Zaragoza, sean la excepción, y consigamos con la expo ese efecto catapulta que logró Barcelona con las Olimpiadas o Bilbao con el museo Guggenheim.
En fin, desahoguemos un poco todo esto. Si Fluvi está contenta…
El Heraldo de hoy indica en su portada que faltan 212 días para el comienzo de la Exposición Internacional. Mañana faltarán 211; pasado 210; 209; 208; 207… ¡Qué angustia! Me cuesta conciliar el sueño sabiendo que falta tan poco tiempo para el gran día. Debemos enfocar todos nuestros esfuerzos en prepararnos para el 14 de junio, día de Aragón a partir de esa fecha -adiós San Jorge-. Colegios y Universidad ya han coordinado sus relojes: los exámenes de junio serán en mayo. Esperemos que nuestros queridos estudiantes no sufran el temido "jet-lag".
Por cierto, ¿se han fijado en la mascota? Creo que Papá Pitufo ya no debería ir jugando por ahí con su cosita, que ya tiene una edad, y luego le salen los hijos como le salen, osea, rana (o ranillas). Su nombre, por cierto, es Fluvi. Se lo pusimos entre todos. Vaya, entre todos aquellos valientes que pagaron por bautizarle de tan oroginal manera. Imagínese, incansable lector, cómo debían ser los desechados.
¡Cuidado!, que no les confunda mi artículo. Yo estoy a favor de la expo. Creo que será buena para la ciudad y que, si sabemos gestionarla en el fututo, puede situar a Zaragoza en el centro de las miradas europeas. Confíemos que en el país de las ocasiones perdidas -estoy hablando de España, no se me pierdan-, Aragón, y más en concreto Zaragoza, sean la excepción, y consigamos con la expo ese efecto catapulta que logró Barcelona con las Olimpiadas o Bilbao con el museo Guggenheim.
En fin, desahoguemos un poco todo esto. Si Fluvi está contenta…
miércoles 14 de noviembre de 2007
Oviedo express (y IV)

Es difícil mantenerse impasible cuando, desde el estrado, la aparente dulce abuelita Mazaltov Behar susurra: “Me colocaron una madera aquí en el estómago, muy ancha y consistente, como una caja, y luego aplicaron la radiación”. Parece ser que el doctor Horst Schumann, el cual se encargaba de las muchachas vírgenes, pretendía destrozar los ovarios de todas ellas. Mazaltov relata: “Pero Schumann tenía mucho trabajo y encargó a un médico judío de 80 años que se encargara de mí; yo pedí que no me estropearan todo, que quería tener hijos”. El citado médico, a riesgo de ser ejecutado, cumplió con las peticiones de Mazaltov. “Me quitó lo que tenía podrido y dejó lo que estaba bien. Luego lo mataron. No lo he olvidado. Mi hijo se llama Samuel, por él, y David, por mi hermano, que murió en Auschwitz, como mis padres.
Otra de las impactantes historias es la de Zygmunt Rotter, polaco, que no pudo pasar al lado ruso y fue llevado al gueto de Cracovia. Trabajó forzosamente en la fábrica de Oskar Schlinder. “Allí reparé correas y estuve en una prensa hidráulica. Cuando llegaron los rusos, Schlinder me llevó a otra fábrica en Checoslovaquia hasta que acabó la guerra. Soy el número 610 de la lista de Schlinder. Perdí en el holocausto a toda mi familia”.
A su lado, emocionada, escuchaba la historia su mujer, Anna Rzechte, de 77 años, la cual también estuvo en un gueto, en Varsovia: “Primero se llevaron a mi padre y después a mi madre. Me quedé sola con 12 años, y durante uno estuve vendiendo ropa de mi familia en el gueto para poder sobrevivir. A los 13 años escapé”.
El último de ellos en relatar su estremecedora historia fue Jaime Vándor, el más joven de ellos, quién con sólo 6 años aprendió una de las lecciones más amargas impartidas por la caprichosa y soberana vida: “Como recuerdo terrible, una vez vi desde la calle un puente con un tren, y desde los vagones la gente gritaba ¡agua!, ¡agua! Eran deportados a Auschwitz”. Vivió en el gueto de Budapest junto a su hermano y su madre y destacó, en cuanto a su liberación, el extraordinario papel que jugaron el zaragozano Ángel Sanz Briz – del consulado español- y Giorgio Perlasca, quien se hizo pasar por español para ayudar a Briz en el consulado. “Entre los dos salvaron la vida a más de 5000 personas; les proporcionaban salvoconductos, víveres, etc. Todo lo que hizo Ángel Briz fue por propia iniciativa, no porque el gobierno de Franco le diera instrucciones de ningún tipo”.
He aquí las historias de cuatro supervivientes que reflejan la capacidad de sufrimiento del ser humano. La emoción que se palpaba entre los allí presentes no puede ser comparable a la enorme agonía que suponía para ellos el seguir viviendo, el seguir luchando en aquellas circunstancias para que, tal vez, algún día, gente como nosotros pudiésemos escuchar sus historias, sus angustiosos relatos, y no olvidar jamás de lo que es capaz el ser humano, para no repetirlo nunca.
Otra de las impactantes historias es la de Zygmunt Rotter, polaco, que no pudo pasar al lado ruso y fue llevado al gueto de Cracovia. Trabajó forzosamente en la fábrica de Oskar Schlinder. “Allí reparé correas y estuve en una prensa hidráulica. Cuando llegaron los rusos, Schlinder me llevó a otra fábrica en Checoslovaquia hasta que acabó la guerra. Soy el número 610 de la lista de Schlinder. Perdí en el holocausto a toda mi familia”.
A su lado, emocionada, escuchaba la historia su mujer, Anna Rzechte, de 77 años, la cual también estuvo en un gueto, en Varsovia: “Primero se llevaron a mi padre y después a mi madre. Me quedé sola con 12 años, y durante uno estuve vendiendo ropa de mi familia en el gueto para poder sobrevivir. A los 13 años escapé”.
El último de ellos en relatar su estremecedora historia fue Jaime Vándor, el más joven de ellos, quién con sólo 6 años aprendió una de las lecciones más amargas impartidas por la caprichosa y soberana vida: “Como recuerdo terrible, una vez vi desde la calle un puente con un tren, y desde los vagones la gente gritaba ¡agua!, ¡agua! Eran deportados a Auschwitz”. Vivió en el gueto de Budapest junto a su hermano y su madre y destacó, en cuanto a su liberación, el extraordinario papel que jugaron el zaragozano Ángel Sanz Briz – del consulado español- y Giorgio Perlasca, quien se hizo pasar por español para ayudar a Briz en el consulado. “Entre los dos salvaron la vida a más de 5000 personas; les proporcionaban salvoconductos, víveres, etc. Todo lo que hizo Ángel Briz fue por propia iniciativa, no porque el gobierno de Franco le diera instrucciones de ningún tipo”.
He aquí las historias de cuatro supervivientes que reflejan la capacidad de sufrimiento del ser humano. La emoción que se palpaba entre los allí presentes no puede ser comparable a la enorme agonía que suponía para ellos el seguir viviendo, el seguir luchando en aquellas circunstancias para que, tal vez, algún día, gente como nosotros pudiésemos escuchar sus historias, sus angustiosos relatos, y no olvidar jamás de lo que es capaz el ser humano, para no repetirlo nunca.
viernes 9 de noviembre de 2007
Oviedo express (III)

El amanecer del día siguiente fue jodido, hablando en plata. El sonido estridente del teléfono, a las 8 de la mañana, nos hizo recordar los excesos de la noche anterior.
Mal desayunados, nos dispusimos a afrontar una jornada que se presumía larga. El primer acto del día era una conferencia del director de la fundación Príncipe de Asturias. En el salón “Covadonga” del hotel de la Reconquista, Graciano García nos soltó una serie de arengas que sonaban aleccionadoras:“Los premios cumplen treinta años en democracia, y sin la ayuda del Rey no hubieran nacido; “las encuestas dicen que los premios tienen un grado de reconocimiento del 95% entre la población, lo que refleja la gran acogida que tienen en España estos premios”; “Existen unas mil acreditaciones de prensa en la ceremonia de los premios, los cuales son retransmitidos a más de mil millones de personas”. Y por si alguien se había quedado algo transpuesto, para finalizar la “exitosa” conferencia, la fundación emitió un vídeo sobre la historia y el desarrollo de los premios, muy propagandístico él, a unos dos mil decibelios de potencia –o eso me pareció a mí-.
Mi teoría de la asociación de valores continuaba su curso. Sin tiempo que perder, a la salida del hotel Reconquista ya nos estaban esperando los autobuses para llevarnos al edificio histórico de la Universidad de Oviedo, lugar emblemático, muy cercano a la catedral, donde, ya por fin, nos disponíamos a asistir a un acto de gran envergadura.
Se trataba de un encuentro con representantes del Museo de la Memoria del Holocausto de Jerusalén (Yad Vashem) y víctimas del mismo, los cuales, al día siguiente de nuestra cita, recogerían el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2007. En el acto participaron Perla Hazan, directora para Iberoamérica, España y Portugal, del Museo de la Memoria del Holocausto; Jaime Vándor, Mazaltov Behar, Zygmunt Rotter, y Anna Rzechte, todos ellos víctimas del holocausto nazi. Leandro Kirszenbaum, profesor de historia de Yad Vashem, fue el encargado de moderar el encuentro.
Los recibimos sentados, en silencio, con indiferencia. Los despedimos de pie, entre aplausos, emocionados. Estos actos sirven, en palabras de Juan José Millás, “para continuar iluminando túneles en la conciencia, para seguir abriendo puertas de habitaciones a las que no nos habíamos asomado pese a estar dentro de nosotros”. Continuará...
Mal desayunados, nos dispusimos a afrontar una jornada que se presumía larga. El primer acto del día era una conferencia del director de la fundación Príncipe de Asturias. En el salón “Covadonga” del hotel de la Reconquista, Graciano García nos soltó una serie de arengas que sonaban aleccionadoras:“Los premios cumplen treinta años en democracia, y sin la ayuda del Rey no hubieran nacido; “las encuestas dicen que los premios tienen un grado de reconocimiento del 95% entre la población, lo que refleja la gran acogida que tienen en España estos premios”; “Existen unas mil acreditaciones de prensa en la ceremonia de los premios, los cuales son retransmitidos a más de mil millones de personas”. Y por si alguien se había quedado algo transpuesto, para finalizar la “exitosa” conferencia, la fundación emitió un vídeo sobre la historia y el desarrollo de los premios, muy propagandístico él, a unos dos mil decibelios de potencia –o eso me pareció a mí-.
Mi teoría de la asociación de valores continuaba su curso. Sin tiempo que perder, a la salida del hotel Reconquista ya nos estaban esperando los autobuses para llevarnos al edificio histórico de la Universidad de Oviedo, lugar emblemático, muy cercano a la catedral, donde, ya por fin, nos disponíamos a asistir a un acto de gran envergadura.
Se trataba de un encuentro con representantes del Museo de la Memoria del Holocausto de Jerusalén (Yad Vashem) y víctimas del mismo, los cuales, al día siguiente de nuestra cita, recogerían el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2007. En el acto participaron Perla Hazan, directora para Iberoamérica, España y Portugal, del Museo de la Memoria del Holocausto; Jaime Vándor, Mazaltov Behar, Zygmunt Rotter, y Anna Rzechte, todos ellos víctimas del holocausto nazi. Leandro Kirszenbaum, profesor de historia de Yad Vashem, fue el encargado de moderar el encuentro.
Los recibimos sentados, en silencio, con indiferencia. Los despedimos de pie, entre aplausos, emocionados. Estos actos sirven, en palabras de Juan José Millás, “para continuar iluminando túneles en la conciencia, para seguir abriendo puertas de habitaciones a las que no nos habíamos asomado pese a estar dentro de nosotros”. Continuará...
lunes 5 de noviembre de 2007
sábado 3 de noviembre de 2007
Oviedo express (II)

A la salida de la sidrería, antes de regresar al hotel, quisimos inmortalizarnos con una figura especial. No sin problemas, conseguimos llegar a la calle “milicias nacionales” a través del laberíntico sistema de calles de que goza la ciudad, con la ayuda, eso sí, de un plano de la misma, previamente recogido en una especie de oficina de turismo –en Oviedo no todo es lo que parece-. Ya ante la buscada estatua, nuestra decepción fue mayúscula, pues ésta se encontraba incompleta: A Woody Allen le habían arrancado las gafas.
De regreso al hotel, nos informaron de que la siguiente treta que se disponía a realizar nuestra querida agenda era mandarnos a un lugar llamado “Llagar de Colloto”, donde disfrutaríamos de una gustosa “espicha”. La boca se me hacía agua sólo de imaginar cómo nos íbamos a poner ante tanto colloto y ante tanta espicha. La llegada al lugar fue espectacular: Gaiteros en la puerta recibiéndonos cuales reyes bajo palio. Pero la fina pátina de ilusión pronto se apagó ante lo que consistía realmente la espicha, esto es, mucha sidra y pocas fabes.
Se nota que los de la fundación Príncipe de Asturias saben lo que se hacen. La asociación de valores positivos sobre un hecho o acontecimiento concreto sirve para que el individuo, en el momento de recordar el mismo, relacione el hecho o el acontecimiento con algo bueno, tanto para sí mismo como para los demás. Esto es una práctica muy extendida en el campo de la psicología. Si disfrutábamos de un día agradable, ya nos podían decir misa al día siguiente, que la mayoría tragaríamos con lo que nos echasen en el plato, aunque éste supiese a rayos. Por lo menos, gracias al encuentro con los representantes de “Yad Vashem”, el viaje a Astirias no cayó en saco roto. Continuará...
De regreso al hotel, nos informaron de que la siguiente treta que se disponía a realizar nuestra querida agenda era mandarnos a un lugar llamado “Llagar de Colloto”, donde disfrutaríamos de una gustosa “espicha”. La boca se me hacía agua sólo de imaginar cómo nos íbamos a poner ante tanto colloto y ante tanta espicha. La llegada al lugar fue espectacular: Gaiteros en la puerta recibiéndonos cuales reyes bajo palio. Pero la fina pátina de ilusión pronto se apagó ante lo que consistía realmente la espicha, esto es, mucha sidra y pocas fabes.
Se nota que los de la fundación Príncipe de Asturias saben lo que se hacen. La asociación de valores positivos sobre un hecho o acontecimiento concreto sirve para que el individuo, en el momento de recordar el mismo, relacione el hecho o el acontecimiento con algo bueno, tanto para sí mismo como para los demás. Esto es una práctica muy extendida en el campo de la psicología. Si disfrutábamos de un día agradable, ya nos podían decir misa al día siguiente, que la mayoría tragaríamos con lo que nos echasen en el plato, aunque éste supiese a rayos. Por lo menos, gracias al encuentro con los representantes de “Yad Vashem”, el viaje a Astirias no cayó en saco roto. Continuará...
viernes 2 de noviembre de 2007
Oviedo express

Asturias es una tierra formidable. Se percibía desde el autobús y se confirmaba en tierra. Lejos de la especulación urbanística de otras partes de España, en el relieve asturiano no se otean grandes rascacielos, bloques ingentes de apartamentos ni complejos faraónicamente vomitivos. Ese espacio queda reservado, en su mayoría, para verdes pastos, cuyos únicos inquilinos no son precisamente “bimbos” –así denomina John Lee Anderson a las rubias pijas- estiradas; allí sólo viven vacas, sí, tranquilas vacas, las cuales transmiten con su eterno rumiar una gran sensación de sosiego y serenidad que, junto al bello paisaje que provoca el mar chocando contra las rocas de los acantilados, hacen de Asturias una tierra sin parangón.
Sin embargo, resulta algo chocante, valga la redundancia, el contraste que provoca la impavidez del paisaje asturiano y de sus gentes, con lo estresante y apretada que resultaba nuestra agenda. Aquello fue un toma y daca nada más bajar del autobús; de la relajación al desasosiego; del descanso a la zozobra; del respiro a la aflicción.
A fuerza de ser exagerado, que lo soy, creo que la comida no nos sentó tan bien como esperábamos, a causa, sin duda, del tiovivo anterior. ¡Que rico estaba el pote asturiano y que buena la merluza bañada a la sidra, por no decir del arroz con leche casero que nos sirvieron de postre –como el de mi abuela ninguno, eso sí-. Fue una lástima no poder saborear todo aquello con una reparadora siesta. Pero claro, si lo que queríamos era ver los encantos y embrujos de la cuidad de Woody Allen –parece que el guiri se ha enamorado de ella-, debíamos ponernos en marcha rápidamente, porque en apenas tres horas debíamos estar listos en el hall del hotel para proseguir con los planes que tenía dispuestos nuestra apretada agenda.
La tarde resultó bastante ajetreada. Ya se sabe que cuando el estrés te cala los huesos no hay quién lo desaloje, por muy buenos que sean los modales del que lo pretenda; y, además, resulta bastante contagioso y de fácil expansión.
Digeridos por las entrañas de Oviedo, nos dispusimos, primeramente –no sin antes hacernos una esperpéntica instantánea con el retrato de los príncipes de Asturias como fondo, en un marco incomparable como es el Corte Inglés-, a rendir una visita a la magnífica catedral ovetense, de claro estilo gótico, la cual-la visita digo- fue más rápida de lo deseado. Con este encomiable esfuerzo intelectual, y ávidos de conocimientos gastronómicos, nos dispusimos, en segundo lugar, a adivinar dónde estarían las famosas y características sidrerías, las cuales caracterizan a Asturias de cualquier otra ciudad del mundo.
Todavía me cuestiono por las noches si lo acontecido en el interior de aquella sidrería de la calle Gascona fue real o ficticio. Bueno, pensándolo bien, todo resultó acorde con lo de aquella tarde. El primer camarero nos forzó, con sus inquietantes maneras, a batir un nuevo récord del mundo en la especialidad de bebida de sidra; para que el incansable lector se haga una idea, en el intervalo de tiempo en que Sergio, compañero de fatigas, estuvo en el servicio, nos bebimos entre Óscar, Bea, Inés y yo –también compañeros- una botellita de sidra. La capacidad del barman para el escancie- con cara de pocos amigos, eso sí- resultaba realmente encomiable. Cunado ya estábamos prestos a desalojar el local, puesto que no era causa común acudir al hotel en carretilla, todo pareció volver a su real cauce cuando el jefe del local, percatándose de la extraña situación, decidió tomar cartas en el asunto. A partir de ahí-ya era hora-, resultó ser todo más agradable, más tranquilo, más necesariamente pausado, donde, incluso, en el fragor de la sidra, nos permitimos el lujo de escanciar nosotros mismos, con los resultados ya imaginables –hay documentación fotográfica sobre el acontecimiento-. Continuará...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
